
domingo 15 de noviembre de 2009
Francia v Sudáfrica 2009

miércoles 11 de noviembre de 2009
Rugby de Otoño: 1984


Los irlandeses cayeron en Dublín (9-16) a la siguiente semana, un 10 de noviembre, con actuación destacadísima de Mark Ella que anotó un ensayo y dos drops.
Acomódense y disfruten del mejor rugby del pasado.
INVICTUS
Rugby añejo hispánico

Fue un mes de mayo lluvioso. Lo cual prometía una ventaja más para los visitantes. Y no eran precisamente unos indocumentados, así que había que apretar los dientes y conjurarse, por más que por aquel entonces (eran los tiempos del rugby amateur, aunque en algunas latitudes ya se hablara de shamateurs) el Central estuvieran más habituado a visitas de entorchado anglosajón. Pero es que los visitantes penaban culpas de tres años antes. Una penitencia justa que pasaba por Lisboa y Madrid. Y todo por haberse dejado despachar por unos feroces samoanos y en su santuario. Claro es, se trataba del País de Gales, esa pequeña nación de cánticos y de verdes valles en el Sur y ventosas colinas en el Norte, de lanudas ovejas y de mineros. O eso dice el tópico, porque las minas cerraron, las ovejas emigraron a Nueva Zelanda, y de lo único que tenemos constancia que sobreviva son los cánticos y el rugby, que no es sino la otra manera de decir "Gales". Volvamos, sin embargo, a nuestra jornada. Decía que penaban los galeses por la Península Ibérica y que un miércoles 17 de mayo habían laminado a nuestros vecinos lusitanos por 11 a 102, así que la ilusión de recibir al Dragón se veía ensombrecida por el papelón que esperaba al cauto León, porque ya se sabe que los ibéricos han mantenido casi siempre un nivel similar, con lapsos de ventaja alternativos a uno y otro lado del Guadiana. Así que, tras el paseo lisboeta y en día más adecuado para el noble juego que nos ocupa, eran esperadas alborozadas y pletóricas multitudes en las gradas del Central. Como así resultó aquel 21 de mayo de 1994, en que contra viento y lluvia, unas decenas de miles de aficionados de toda España y parte del extranjero (a fe mía, que ese día conocí a John Paul Rendall y a Jeff Probyn, preclaros e insignes primeras líneas de Inglaterra con hoja de servicios impoluta) se dieron cita en la Ciudad Universitaria de Madrid.
La prensa especializada de las Islas Británicas había venido siguiendo los prolegómenos del partido entre divertida e interesada, pues era la primera vez en la joven historia de las Copas del Mundo en que uno de los grandes pasaba por el calvario de las fases previas. En cualquier caso lo venían juzgando como preparación para las giras del verano y semiasueto después del V Naciones y se prometían alineaciones innovadoras y prueba de jugadores, aunque los arquitectos "Chupao" Gutiérrez, "Gero" Hernández-Gil, el liceísta Jorge Gutiérrez, el entonces segundo de la selección, Santiago Santos, y el bien conocido Bryce Bevin, entonces seleccionador de España, advirtieran que no, que aquello iba en serio. Así lo recogía la edición del Rugby World de mayo de ese año, con fotos del Central, al que calificaba de "digno de un Segunda División inglés", y confusión genial al pie de una foto en la que junto a Santos figuraban el más alto dirigente federativo, homónimo del también bigotudo pero feliz y funcionarial habitante de Ferraz que anida en aquella Casa desde la Restauración canovista y que sólo se sirve a sí mismo, a quien tomaban por Presidente de nuestra bienamada FER.
Y tenían razón los españoles, porque los galeses habían exhibido su artillería pesada en Lisboa, y en Madrid no iba a ser menos, que el equipo de 1994 era mucho mejor que el que fracasó en 1991, de modo que jugaron con Andy Clement como zaguero, Ieuan Evans (capitán) y Nigel Walker como alas; Mark Hall y Nigel Davies como centros; Neill Jenkins y Rupert Moon como medios; Rickie Evans, Garin Jenkins y John Davies en la primera línea; Peter Arnold y Gareth Llewellyn en la segunda línea; Emir Lewis, Scott Quinnell y Mark Perego en la tercera línea, además de Anthony Copsey que sustituyó a Lewis en el minuto 40): exactamente el equipo del V Naciones de ese ejercicio. El resultado ya lo sabíamos todos, sólo se trataba de saber por cuánto, de unir a la fiesta de contemplar a los epígonos del Gales de la Edad de Oro, el prurito de la especialidad hispánica: la resistencia numantina. El resultado es lo de menos, ya lo verán en el vídeo adjunto o buscando en la red, lo notable es que los españoles dieron la talla: José Miguel Villau y Saul Espina, del Universitario de Sevilla; Fernando de la Calle y el malogrado José Ángel Hermosilla, "queseros"; los gechotarras Jonadad Díez, Jon Azkargorta, Unai Aurrekoetxea, Oscar Solano y Jon Etxeverría; Pablo Martín, Javier López Martín, Alejandro Miño y Javier Torres Morote, del Monte Ciencias; Francisco Puertas, entonces en el Aviron Bayonnaise, Alberto Malo de Santboi, el que fue amablemente invitado a volver al vestuario a ajustar sus tacos según cuenta la leyenda y todos vimos y no volvió al campo hasta el minuto cinco de juego; Javilón Aguiar, del Liceo Francés, Alvar Enciso y "Pirulo" Álvarez, "chamizos", "Chupao" Gutiérrez y "Gero" Hernández-Gil, de la Escuela y el bilbaíno Ignacio de Lázaro. Todos ellos a las órdenes del neozelandés Bevyn, quien pleno de confianza fue visto la noche anterior en un animado expendedor de zumos de cebada conocido en la capital del Reino como "The Quiet Man" (en la calle Valverde para ser exactos), y Santiago Santos, el que fuera talonador del XV español. Y fue toda una sorpresa, porque un equipo parecido había recibido una soberana tunda en febrero de ese año en Elche, frente a Emerging England. Así que aunque encajamos tres ensayos del mago Ieuan Evans, uno de Scott Quinnell, uno de Garin Jenkins y otro de Nigel Walker, junto con cinco transformaciones de Jenkins y tres golpes del mismo apertura, hubo partido. La misma revista inglesa precisaba en su número de julio: "Los españoles nos plantaron cara con inusitada dureza, y se mantuvieron así durante gran parte del partido, así que los puntos que obtuvimos nos alegraron enormemente", en palabras de su entrenador Alan Davies. O como dijo JPR Williams, a quien también conocí ese día, permítanme que lo diga, "...'twas a real rugby match" lo que no es poco en boca de tal personaje, y créanme que no fue cortesía británica.
(El texto de esta crónica se escribió a solicitud de nuestro buen amigo REXMAN, en cuyos dominios -Con H de Blog- podrán ver en tres entradas diferentes, de 15 de octubre, de 19 de octubre y de 27 de octubre el partido completo. Eran otros tiempos, antes de que el por llegar profesionalismo acabara de hacer insalvable el muro entre unos y otros. )
Las cosas como son

Wilkinson es un tipo sensato. Lo demuestra dentro y fuera de la batalla que es el el juego del rugby. Y para quien ha jugado 30 años a ese extraño pasatiempo algunas de esas cosas que dice, por más que vengan de un consagrado mito del rugby inglés, no son más que una obviedad, de esas que solamente a veces conviene repetir. El vestuario, antes de cada partido, es un lugar extraño. Silencioso a veces, bullicioso otras. Uno sabe precisamente como va a afrontar cada uno de sus compañeros esos minutos previos al choque. Uno conoce exactamente el aderezo de las palabras adecuadas para ese partido concreto, esas instrucciones que se repiten siempre, que se recuerdan aunque no sea necesario, que conforman el alma de cada equipo y que no suelen ser tan diferentes porque lo que marca la diferencia es ese otro cúmulo de circunstancias que han acontecido antes de llegar a ese momento. "La primera melé es la más importante, que sepan quienes somos desde el primer placaje, atención al primer up and under los de atrás, este árbitro no deja pasar una, juguemos al límite del reglamento". Esas cosas que el aficionado que nunca jugó dificilmente puede conocer y que hacen tan sutil la barrera entre lo tolerado y lo tolerable. Esos matices que impiden comprender decisiones y actitudes al espectador que no ha sabido del juego de los villanos desde sus años maleables. Esos detalles que al público común le hacen juzgar equivocadamente los que sucede entre palos y palos. Esos sucesos que exacerban los ánimos de los poco versados y que emponzoñan el ambiente, que si mal inevitable cuando se trata de noveles aficionados de esos que nunca jugaron, es pose desafortunada en los que pertenecen a la secta y responsabilidad compartida con aquellos que no supieron transmitirles nuestro carácter. Severo juicio merecen unos y otros. Claro que yo soy un viejo defensor del siglo XIX para estos menesteres.
Gran Slam 1971
Los Barry John, Edwards, JPR Williams, Gerald Davies, Taylor, Merwyn Davies y demás, en partido de V Naciones de 1971, el año del primer Grand Slam de la década prodigiosa (luego vendrían los de 1976 y 1978 y tres Triples Coronas en 1977 y 1979, sin contar con que en 1972 por los acontecimientos en Irlanda, el Torneo se suspendió). Además, el juego de los escoceses no desmerece aunque tuvieran que rendir Murrayfield, con el resultado más ajustado y después de remontar merced a ese ensayo prodigioso de Gerald Davies, y la mejor conversión desde San Pablo, como dicen en las Islas, lograda por el inefable flanker John Taylor. Derrotaron allí a un muy buen equipo escocés, con otro tercera pateador, Brown, y jugadores tan cabales como Sandy Carmichael, el pilier o el otro Brown, el segunda línea Gordon "The broon frae Troon", con dicción a la escocesa. Destellos todos de una galaxia ya muy lejana. Ni comparación con la mecánica y estéril empresa rugbística de la primera década del siglo XXI. Asqueados deben estar al conocer los sucesos del otro lado del Severn: lo del Bath y los 'Quins. Hablando de ingleses, en Twickeham doblaron las rodillas ante los del Principado de esa añada. Aquí queda constancia, como casi siempre con la voz de Bill McLaren. Ni los Duckham ni los Pullin pudieron con los magos del Oeste.
Pues sí, ante el panorama que se avecina, nos damos a la nostalgia. Así que sigamos con los Diablos Rojos de 1971. Hoy en su partido frente a Irlanda, en Cardiff. El partido en que ganaron la Triple Corona de 1971, último episodio de la lucha fratricida de ese año antes de cruzar el Canal de La Mancha. Los irlandeses no midieron sus fuerzas y se entregaron, como tantas veces antes de la era O'Driscoll, sin mesura, durante el primer tiempo, que fue suyo. No importó a los rojos, que conocen las exigencia de su divisa: Ich dien. Así que, como el motor que sale del rodaje, alcanzaron su mejor par al inaugurarse la segunda mitad. Sobrios, calmados, sabios, contuvieron los delanteros locales a los titánicos irlandeses, más fuertes, más pesados, más torpes. Aseguraron sus posesiones y desataron el rayo y el trueno del Olimpo de los Valles del Sur, presidido por Edwards y John. Una brillante generación de bravos irlandeses veía, otra vez, como la Fortuna se conjuraba contra ellos, postergados por una conjunción de temple, estrategia y genio diseñada por una común inteligencia, sutil y poliédrica. Sólo los Lions de 1968 o 1971 o 1974 resarcieron, no sé si suficientemente, a los Mike Gibson, Willie John McBride, Fergus Slattery o Ray McLoughlin.
1971 fue especial para País de Gales: ningún equipo, jamás, ha ganado el Torneo solamente con dieciséis jugadores, capitaneados por el centro Sidney John Dawes, que con el tiempo acumularía, también, honores en los Lions y como seleccionador y entrenador de su país. Aquellos dieciséis fueron: J.P.R. Williams (London Welsh), T.G.R. Davies (Cambridge University & London Welsh), S.J. Dawes (London Welsh), A. Lewis (Ebbw Vale), J.C. Bevan (Cardiff), B. John (Cardiff), G.O.E. Edwards (Cardiff), D.B. Llewellyn (Llanelli), J. Young (Harrogate), D. Williams (Ebbw Vale), W.D. Thomas (Llanelli), M.G. Roberts (London Welsh), W.D. Morris (Neath), T.M. Davies (London Welsh), J. Taylor (London Welsh), I. Hall (Aberavon). Sorprende que no estuvieran J.J. Williams o Phil Bennett en el mejor equipo galés que haya jugado un V Naciones. Bennett había debutado ya, como zaguero, pero esos eran los dominios de John Peter Rhys Williams (que empezaria a ser conocido como JPR cuando el otro Williams, John James, entrara en el equipo), así que tuvo que esperar a la retirada de Barry John para hacerse con el nº 10. Ninguno de ellos iba a desmerecer a sus predecesores.
Magia Roja otra vez
Los dos del geógrafo desempleado, en 1988 y 1993; el del sagaz apertura que superó a White en la carrera, en 1988 y el de el "pilier más rápido del mundo" en 1999, son mis favoritos. El último lo ví en un garito de Greenwich, rodeado de ingleses, naturalmente, y el bote de satisfacción por la marca galesa me delató. Tuve unas palabras con un par de furibundos hinchas, a los que la ingesta de espirituosos les hizo olvidar el código de hermandad entre rugbistas del Universo Mundo. Me retiré discretamente cuando dejé de entender lo que me decían. Y eso que ese Torneo, el último V Naciones, se lo llevó Escocia.
